Un nuevo comienzo

Pensar en la en la sociedad del futuro no es posible sin tener en cuenta la dimensión internacional de las relaciones y los actores. La empresa, como dijera Sampedro refiriendo al mundo, no es que otra sea posible, otra es segura.

miércoles, 18 de abril de 2012

Negocios Inclusivos, ¿Negocios contra la pobreza?

Estos últimos meses me he acercado mucho al mundo de los Negocios Inclusivos (NI), por una causa u otra han despertado mi atención. ¿A quién no le despierta curiosidad mejorar la situación de los sectores de bajos ingresos a través de actividades rentables y medioambientalmente sostenibles?. Y sin embargo, aunque en esa pregunta se incluye parte de la definición de los NI, no puedo ofrecer una sentencia que refleje el alma de estos.

Es por ello que me animé a escribir esta entrada, la falta clara de definición, que nos plantea dos posibles soluciones:

- Referirnos a los NI como un paradigma aglutinador, dentro del cuál muchas otras actividades tienen cabida, como el comercio justo, la innovación social, empresas sociales, cooperativas…

- Acotar la definición a un tipo de proyecto que sean inequívocamente susceptible de ser llamado Negocio Inclusivo.

La solución no va a tomar partido por un esquema u otro, y es bueno que así sea. Es importante que el concepto sea flexible (dentro de los límites de la consistencia) a la vez que es importante encontrar que características le hacen propiamente un NI. Para ello, existen ya varias definiciones, desarrolladas por los principales organismos que trabajan este enfoque, que si bien no son un todo, aportan una buena guía sobre la cuál trabajar. Rescatemos entonces algunos puntos clave que compila Óscar Licandro[1]:

- Debe ser un Negocio, y como tal es necesario que sea rentable y sostenible económicamente, aunque para su puesta en marcha requieran del apoyo de distintos autores. Es más, muchos proyectos consiguen un nivel de competitividad que buscan ir un paso más allá hacia la expansión y replicabilidad, pero quedémonos con lo primero.

- Tienen que ser medioambientalmente sustentables, y es que generar una nueva estrategia social de negocio, no puede por menos que mantener ciertos niveles de calidad medioambiental, principalmente por los impactos que la contaminación ambiental tiene en los sectores de bajos ingresos (SBI).

- Deben operar dentro de la economía de mercado, aunque sólo sea por que es la que existe. Para ello deben operar con los mecanismos necesarios para ser competitivos en este tipo de economía. Esto no implica que necesariamente se convierta en una empresa clásica (de hecho la innovación gestora es una de las principales características), implica que las aguas en las que debe moverse están regidas por estas fuerzas de mercado, sobre la cuáles debe ser competitivo para dejar de ser dependiente en el medio-largo plazo.

- Tienen que generar una mejora real en la calidad de vida de los SBI, que no por ser el último es menos importante. En concreto, sería el elemento definidor de lo inclusivo del negocio. No siempre se consigue que salgan de la situación de pobreza, pero si se exige, al menos, una mejora real respecto a la posición de partida.

Con esto podemos intuir una guía de lo que ahora mismo cabe dentro de esa camisa “NI”, sin embargo, no es suficiente para delimitar un esquema identificable de este novedoso enfoque. Si bien lo que ha permitido esta flexibilidad es una explosión de actividades y proyectos catalogados como tal, a cambio con tantas diferencias entre sí que aun no permiten discernir que es lo que estructura este cuerpo.

Desde estas líneas, que no se proponen una solución (de momento), se postula que sería interesante definirlo en base a lo que se espera de los NI, es decir, que es lo que queremos conseguir con ello y que tipo de características se ajustarían a ese planteamiento. Un ejemplo; si los NI pretenden (respetando los cuatro puntos anteriores), ampliar el mercado de una empresa hacia los SBI, optarán por unas características de negocio que poco tienen que ver con aquellos cuya principal labor sea sacar de la pobreza a los SBI. De hecho así lo demuestran los numerosos estudios de caso exitosos publicados, donde podemos encontrar evidencias de que aún mejorando siempre la situación de los SBI, aquellos que determinan los SBI como consumidores no consiguen directamente solventar la situación de pobreza. Mientras que aquellos que optan por desarrollar a los SBI como productores o empleados, desarrollan proyectos más satisfactorios y lo consiguen en mayor medida[2].

A partir de esto, correspondería apostar por los Negocios Inclusivos como una forma de actuación diferente, más responsable con consumidores y proveedores, con preocupación medioambiental. O como una herramienta para la solución de la pobreza, algo que va más allá de lo planteado.

Presuponiendo que a todos nos gustaría que fuese una solución a la pobreza, ¿Quién podría oponerse? Sin embargo, ¿es posible que lo sean?

Algunos casos muestran esa probabilidad, que aun sigue siendo menor. Y es que para ello habría que estrangular la definición de NI, hasta dejar tan sólo aquellos que favorecen efectivamente esta lucha contra la pobreza. Algo que desde nuestro punto de vista es el camino a seguir, pero no por ello podemos dejar de llevar a cabo actividades que están demostrando mejorar la calidad de vida de los SBI, aunque no lleguen al fin último para que dejen de ser “los pobres del mundo”. Pero manteniendo siempre la denuncia ante aquellos que pretenden arrogarse una virtud que no tienen, aprovechando la flexibilidad de un concepto.



[1] Licandro, Ó. "Negocios inclusivos: un aporte para su reflexión conceptual y metodológica." Segundo Foro de Responsabilidad Social Empresarial del MERCOSUR. Asunción, 22 y 23 de junio de 2009.

[2] Márquez, P.; Reficco, E. y Berger, G. (editores). Negocios Inclusivos: Iniciativas de mercado con los pobres de Iberoamérica. David Rockefeller Center Series on Latin American Studies. 2010

miércoles, 23 de noviembre de 2011

A modo de declaración de intenciones


Actualmente, las ideas críticas han ido superando fundamentalmente dos aspectos que nos atañen. La primera, es que es posible la transformación por medios democráticos y no violentos. La segunda, más importante para nuestro contexto, que la iniciativa privada puede existir sin generar problemas para una transformación social. En su carta a las izquierdas, Boaventura de Sousa Santos dice “La propiedad privada sólo es un bien social si es una entre varias formas de propiedad y todas están protegidas; hay bienes comunes de la humanidad”, lo que implícitamente reconoce que no es incompatible un futuro transformador con la existencia de la propiedad privada, y ¿puede estar interpretando una fase avanzada de Responsabilidad Social? (Sería un interesante debate con el autor, pero nuestros escasos medios nos impiden mantenerlo). Desde luego pone condiciones a la actividad empresarial para que ésta sea considerada “útil” para la sociedad y precisamente en ello está la base de la Responsabilidad Social.

Dejando de lado la RSC circunscrita a la mejora y “lavado” de imagen, la otra , ¿la de verdad? pretende potenciar la utilidad social de la actividad empresarial cuando una empresa se piensa a sí misma como actor social con influencia sobre sus stakeholders. Este auto-descubrimiento, aquel que cuando se produce no tiene vuelta atrás porque hace mutar hasta la última célula, es además reclamado por la sociedad, por los consumidores. Aunque sabemos de la relativa aplicabilidad de estas encuestas, el estudio La RSC y su impacto en el consumidor en el ámbito global nos dice que “un 81% de la población espera que las empresas tengan que contribuir a mejorar las comunidades en las que operan. Y el 93% de estos consumidores más exigentes asegura que las compañías deben ir más allá de los estándares mínimos exigidos por la ley con el fin de actuar de manera responsable y abordar cuestiones sociales y medioambientales.” Hay esperanza, existe futuro.

Es por esto que nace este Blog, de la idea de generar análisis críticos de la RSC, sabiendo que este es un espacio con poca influencia en las direcciones y consejos de las empresas, pero no por ello deja de ser una herramienta útil de innovación, generación y contrastación de opiniones y conocimiento. Entendemos que hay cosas que se están haciendo bien, y se están abriendo vías en la RSC que sin duda contribuyen a la consecución de un mundo más justo, pero es necesario señalar aquellos pasos erróneos y los caminos obscuros de esta disciplina.

De acuerdo con el señor José Luis Sampedro, otro mundo no es que sea posible, es inevitable. Nos toca a nosotros decidir como queremos construirlo.

 
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